Anestesiología Mexicana en Internet®
División

Historia de la Anestesiología en México
Evolución, Desarrollo y Futuro

    Por: Dr. Benjamín Bandera
    Este Artículo es propiedad de la Revista Mexicana de Anestesiología
 
 
Pocas son las fuentes donde se pueden estudiar los orígenes y el desarrollo de la Anestesia en México y por ende, muy numerosas las lagunas y datos imprecisos. Por esto me apresuro a pedir me excusen la falta de exactitud en fechas y lugares, pero faltan datos escritos y estos tienen que suplirse con razonamientos y conjeturas; por este motivo y muy a mi pesar, no puedo presentarlos con la acuciosidad y fijeza que seguramente esperaban los que me honraron encomendándome tan importante estudio.
Dichas estas palabras que espero inclinen a la benevolencia a mi distinguido auditorio, voy a tratar de exponer lo que he sabido y lo que he visto en los años transcurridos desde la iniciación de la Anestesia quirúrgica, hasta nuestros días.
 

Los Antecedentes

Sólo nos remontaremos a las lejanas épocas del Imperio Azteca para decir que si se empleaban algunas yerbas que adormecían la conciencia y disminuían el dolor, esto no era con fines de poder realizar sencillas operaciones con menores molestias para los pacientes, sino más bien, -y eso en todas las ocasiones- para menguar los sufrimientos de los prisioneros a quienes se sacrificaban ante los dioses.

Realizada la conquista y establecido el gobierno de la Colonia, la Nueva España, en lo que toca a la evolución médica, fue el reflejo de lo que acontecía en la Península y ésta a su vez, de los conocimientos europeos. No obstante que el Primer Virrey, Don Antonio de Mendoza, fundó la Universidad en septiembre de 1551, los estudios de Medicina que en ella se hacían, eran más bien de índole médica, quedando la ejecución de las curaciones y las pequeñas intervenciones que entonces se realizaban, en manos de los barberos cirujanos, para quienes todo procedimiento anestésico no existía. Posteriormente, se realizaron estudios de Cirugía en la misma Universidad, pero en realidad, fueron las Escuelas de Cirugía, fundada la primera en el año 1778, las que impulsaron esta rama, con las actividades afines de barberos, flebotomianos y dentistas, todos ellos con un ejercicio reducido, en lo que al el terreno quirúrgico se refiere y sin ninguna aplicación anestésica. (1)

No vale la pena que hagamos referencias a los años del México Independiente, donde los procedimientos anestésicos sólo alcanzaban la ingestión de bébidas alcohólicas para las operaciones por heridas de guerra y las limitadas que se practicaban en nuestros primeros nosocomios.

Al fin llega la gloriosa fecha del 16 de octubre de 1846 y con la anestesia por éter, administrada por Morton en el Hospital General de Massachussets, se inicia la verdadera época de la anestesia quirúrgica.

El primer médico mexicano que usó el éter y el cloroformo, fue el Doctor Pablo Martínez del Río, quien al hacer mención de su uso, no señalaba la fecha en la que la empleó. En su trabajo presentado a la Academia Nacional de Medicina de México, en el año de 1878, el Doctor Martínez del Río dice: "Por casualidad recibí yo la primera noticia que llegó a México años ha, de las operaciones quirúrgicas que se hacían en estado de anestesia por medio del éter sulfúrico y no tardé en practicar algunas operaciones de esa manera y con buen éxito, en los hospitales de San Andrés y San Juan de Dios. Quiso la suerte que más tarde recibiera yo también la primera noticia de la aplicación del cloroformo al mismo objeto, y muy poco después recibí de Londres el primer frasco de ese líquido que viniera a la República, y que era por cierto de muy buena calidad. Muy pronto ensayamos ese anestésico el Doctor Galezowsky y yo con un éxito enteramente satisfactorio, practicando él a una mujer, la amputación del antebrazo derecho, mientras yo hice una litotomía con singular fortuna bajo todos aspectos; en ambos casos el cloroformo obró muy pronto y con tal perfección que a todos dejó admirados". (2)

Estas afirmaciones del Doctor Martínez del Río, nunca fueron rebatidas por los cirujanos de su época, por lo que creo que su nombre debe estar ligado a las primeras anestesias en nuestro País con éter y cloroformo.

Respecto al año en que las realizó, faltos de una fecha cierta, comparto con el Doctor Francisco Fernández del Castillo, la opinión de que probablemente fue en el año de 1848 cuando se usó por primera vez el éter, porque en octubre de 1846, México y los Estados Unidos estaban en guerra y no era fácil el paso de comunicaciones científicas y mucho menos productos de tan reciente creación por fronteras y puertos bloqueados por fuerzas enemigas.

El mismo historiador y excelente amigo, refiere en un interesante artículo presentado a la Academia Nacional de Medicina, (3) que fue en Veracruz, en septiembre de 1847, cuando el cirujano militar John Porter, norteamericano, amputó la pierna izquierda al soldado William Williamson, empleando la anestesia por éter sulfúrico, que ya había usado en otras ocasiones en el hospital de esa misma población, pero en esa fecha, lo refiere con detalle, anotando "el efecto de la eterización fue desfavorable y evidente pernicioso. Hubo vómitos y hemoptisis, palidez, casi lividez de la cara; el pulso lento y débil. Se le dio aire fresco y se le echó agua fría en la cara". Y más adelante añade: "Hemos tenido ocasión de ejecutar muchas operaciones en Veracruz en 1847 y nuestra experiencia acerca del éter sulfúrico es suficiente para que mis conclusiones me lleven a decir que fueron opuestas a su ulterior empleo".

En el mismo artículo al que me he venido refiriendo, se cita la publicación de un tratado de Farmacología, impreso en Guadalajara en 1853 por el Doctor Leonardo Oliva, en el que describen las propiedades del éter y del cloroformo y en que se afirma que en los años de 1848 y 1849, se conocían esos anestésicos y se usaban en cirugía.

A partir de entonces y durante los finales del siglo pasado y los primeros años del actual, cloroformo y éter se aplicaron en los hospitales y en la práctica privada de los cirujanos, pero en el año de 1900, el Dr. Ramón Pardo, en la Ciudad de Oaxaca, amputa una pierna bajo raquianestesia según la técnica de Tuffier y usando 15 miligramos de clorhidrato de cocaína, inyectada al nivel de la 5a lumbar, produciendo magnífica anestesia sin ningún trastorno (4). Si recordamos que Bier y Tuffier, aprovechando los estudios de Corning, iniciaron el método de raquianalgesia en 1889, no podemos menos de asentar que nuestro País fue, seguramente, uno de los primeros en emplear el método y lo que es más, en continuarlo con gran entusiasmo. Baste decir que en el año de 1946, el 64% de las operaciones que se realizaban en el Hospital General de México, eran bajo raquianestesia.

 

Epoca Moderna

Tres métodos de anestesia y de analgesia, compartían los favores de los cirujanos de la Capital en el año de 1912, cuando inicié mis estudios de Medicina y pude darme cuenta del medio quirúrgico de dicha Ciudad. Se habían iniciado con éxitos limitados, técnicas tales como la administración de éter por vía rectal, las punciones altas de la columna dorsal y cervical (Jonnesco) y salvo la anestesia local con sales de cocaína que usaban los oftalmólogos y la pequeña cirugía que se realizaba con las mismas sales y el uso del cloruro de etilo para anestesia cutánea en la desbridación de abscesos, las operaciones se ejecutaban, en su gran mayoría, con cloroformo y raquianalgesia y para casos con mal estado del paciente, se recomendaba el empleo del éter. El instrumental con el que se aplicaban los anestésicos generales, no podía ser más sencillo: mascarillas de gasa para el cloroformo, y con cubierta de metal para el éter; frasco gotero; un abrebocas y una pinza para tirar de la lengua en casos de accidente; ampolletas de aceite alcanforado como tónico cardiaco y de cafeína y estricnina para actuar con mayor rapidez y para los accidentes de la raquia, la adrenalina en los casos más severos.

Entre los años de 1920 y 1930, el panorama anestésico comienza a ofrecer algunas modificaciones. Las mezclas de anestésicos volátiles, como la de Schleich, conocida años ha, cobra actualidad adicionada con gomenol y bajo el nombre comercial de Balsoformo. Con ella se presenta y adquiere popularidad, un aparato diseñado por Ombredanne para el éter, el que por su sencillez de construcción y manejo, fácilmente se adopta en nuestros hospitales. Pocos años después se le añadirían dispositivos como el de Desplas, para hacer inhalaciones interrumpidas de anhídrido carbónico (5).

En esa misma época aparecen modelos de aparatos de hospital para la administración de protóxido de ázoe y este comienza a usarse y a despertar trabajos sobre su empleo (6).

Siguiendo esas mismas ideas, el cloruro de etilo se mezcla con cloroformo y éter y se administra por goteo en mascarillas que tienen dispositivos especiales (Dupuy de Frenelle y Houzel. 1924) (7).

La anestesia por el alcohol etílico aplicado por vía endovenosa, fue idea del Dr. Miguel García Marín, quien con dicho tema y los primeros casos de aplicación en pacientes, originaron su tesis recepcional en el año de 1929. (8)

Es justo asentar que en estos años, la medicación preanestésica comenzó a desarrollarse y a tomar importancia.

Pasamos por alto procedimientos que fueron de verdadera excepción, como la anestesia de los esplácnicos y el uso de aparatos que no alcanzaron difusión en nuestro medio.

La tercera década del siglo es pródiga en progresos anestésicos. Se inicia con el uso del etileno y años después aparece el ciclopropano y los aparatos de circuito cerrado (1932-1935). Comienzan a usarse los barbitúricos por vía endovenosa, el Evipan (1933) y posteriormente el Pentothal (1937). La raquianalgesia se practica con novocaína y cobran impulso las anestesias locales y regionales con esa misma substancia.

Ya el progreso anestesiológico es cada vez más rápido. Aparecen los curares, sin que pueda precisarse la fecha de iniciación, probablemente 1946, y a raiz de un viaje de los Doctores Loesser y Neff y las demostraciones que hicieron en perros sobre intubación endotraqueal y respiración controlada (1942), se iniciaron dichas técnicas en nuestro medio y en 1944 aparece el primer artículo sobre dicho tema: "19 casos de anestesia con respiración controlada; sus posibilidades en la anestesia del tórax", de los Doctores Martín Maquivar y Jorge Terrazas (9). Se inicia la raquianestesia continua con el método de Lemmon (4 de noviembre de 1941) (10) por el Doctor Abraham Ayala González y si estos datos esenciales no tienen la presición que fuera de desearse, que podría decir de elementos adicionales, como la medida de la tensión arterial, la transfusión sanguínea, etc.

A partir de 1940, el desarrollo de la Anestesia es paralelo a los principales centros quirúrgicos del extranjero, por las visitas de nuestros anestesiólogos a dichos centros, por la presencia de distinguidos especialistas en nuestras reuniones y por la amplia difusión de revistas y libros. Citaré, como ejemplos, las primeras operaciones sobre corazón en el Instituto Nacional de Cardiología, que fueron realizadas en 1945 para tratar una persistencia del conducto arterial; en 1948, una coartación de aorta y en 1952, una comisurotomía de la mitral. Las anestesias estuvieron a cargo, la primera del Doctor Francisco Cid Fierro y las restantes del Doctor Martín Maquívar. En el mismo Instituto y en el año de 1957, se operaron los primeros pacientes por comunicaciones intercavitarias, con corazón abierto, con técnicas de oxigenación, hipotermia y circulación extracorpórea, actuando como anestesiólogo, el Doctor Enrique Hülz. Tengo noticia de que la primera operación de ese tipo se hizo en el Hospital de Jesús de esta Ciudad, meses antes de las realizadas en el Instituto de Cardiología, con la anestesia a cargo del Doctor Manuel Castro.

Anotamos también que la primera anestesia con Fluothane en nuestro País y en varias naciones de América, fue administrada por el Doctor Michael Johnstone, el 16 de noviembre de 1956, en el Hospital de la Raza del Instituto Mexicano del Seguro Social de la Ciudad de México, durante la celebración del VI Congreso Mexicano de Anestesiología (11).

 

Los Hombres

Ya hemos citado los nombres de los Doctores Pablo Martínez del Río y Ramón Pardo, como iniciadores de la anestesia general y de la raquianestesia, respectivamente, en la Capital y la Ciudad de Oaxaca. A ellos añadiremos el del Dr. Antonio Ayala Ríos quien empezó a aplicar el cloroformo y el éter en Guadalajara, en el año de 1887. Por esos mismos años, dos médicos de origen extranjero, los Doctores Arton y Legaret, hicieron lo propio en San Luis Potosí.

Como era natural, en los últimos años del siglo pasado y los primeros del presente, no existían especialistas en la administración de anestésicos, pero sí hubo médicos que adquirieron habilidad especial y que sin descuidar su ejercicio profesional de médicos, destacaban por esa cualidad entre sus compañeros. Mi Padre, el Doctor José María Bandera, estuvo colocado en ese caso y acompañó al Doctor Rafael Lavista en numerosas intervenciones quirúrgicas, entre otras, la primera histerectomía abdominal realizada en el año de 1878 por dicho hábil cirujano. Posteriormente, gozó de la confianza de otro gran cirujano, el Doctor Aureliano Urrutia.

En otras poblaciones, como Guadalajara, se citan los nombres del Doctor Ignacio González Montes, quien practicó su labor de anestesista durante 50 años, comenzando en los últimos del siglo pasado. Cabe citar también como iniciadores de estos procedimientos, en la misma población, los nombres de los Doctores Fernando Banda, Manuel Përez Gómez, Arcadio Fernández y Zaqueo G. Nuño.

En la Ciudad de San Luis Potosí, se distinguen por sus actividades anestésicas, los Doctores Miguel Soberón y José María Quijano, autores de un estudio sobre la raquiestovainización y en tiempos más recientes, el Doctor Salvador Nava, quien introdujo los modernos aparatos de anestesia en esa Capital.

En la Ciudad de Monterrey, los Doctores José Luna Ayala y Alfredo Dávila Gutiérrez, desarrollaron actividades en Anestesia, de acuerdo con la época (1942). El último de los mencionados, sufrió una hemorragia cerebral, mientras estaba aplicando anestesia a un paciente y murió, poco después, por dicho padecimiento. En esta misma Capital, las actividades anestésicas organizadas, datan del año de 1941, en el que, el Doctor Rodolfo L. Rodríguez, tomó un curso en los Estados Unidos y el año siguiente hicieron lo propio, los Doctores Enrique Peña García y José Guerra Quiroga. Dos años más tarde, los Doctores Luis Antonio Canales, Guillermo Tuñón y Rafael Quijano, iniciaron la especialidad y en 1945, en el Hospital Universitario, se formó el Departamento respectivo, cuyas actividades culminan en la organización de estas Jornadas.

En la segunda década del siglo, es de toda justicia, mencionar el nombre del Doctor Emilio Varela, recientemente fallecido, quien por decir así, abrió la brecha en el medio quirúrgico, demostrando cómo un médico podía dedicarse, aunque no fuera totalmente, pero sí como una actividad principal, a la administración de los anestésicos en la época. Si después y por motivos de salud, se alejó del ejercicio de la Anestesia, su impulso en los primeros años de su carrera, es muy digno de mencionarse. Siguiendo sus huellas, otros continuamos en la dura labor de formar entre los cirujanos, la conciencia de que la Anestesia debía de administrarse por médicos con conocimientos especiales en la materia.

Los que fundamos la primera Sociedad de Anestesistas en esta Capital con el Dr. Varela, creo que podemos contarnos como iniciadores de la especialidad en esta Ciudad. Por eso cito los nombres de los Doctores Juán White Morquecho, Francisco Cid Fierro, Carlos Jiménez Caballero, Santiago Rodríguez, Juán Dávila y Federico Vollbrechthausen. Si no todos han continuado, su nombre queda en los albores de la especialidad. Y no podría menos de citar los de algunos Cirujanos que impulsaron la Anestesia, bien sea con sus trabajos, con su práctica o con el alto concepto que de ella expresaron: Ulises Valdés, iniciador de la anestesia rutinaria con protóxido de ázoe y admirador de las ideas de Crile y de la "anoci-association". Darío Fernández, continuador y modificador de la técnica de Koster para la raquianestesia alta. Rosendo Amor, ferviente partidario de la raquianestesia en todas sus formas. José Castro Villagrana, impulsador de la anestesia regional y corto la lista para no darle dimensiones exageradas, las que alcanzaría si continuara citando nombres de cirujanos a quienes debe la Anestesia un apoyo.

Entre los anestesiólogos cuyos nombres están enlazados con las primeras aplicaciones de nuevas técnicas y nuevas substancias, citaré a nuestro estimado amigo, El Doctor Federico Vollbrechthausen, quien fue el primero en usar el etileno (1932), el Evipan (1933) y el ciclopropano (1935). El Pentothal lo inició el Dr. Fernando Villar Andrade en el Sanatorio del Doctor Conrado Zuckerman en 1937 (12). Sin poder precisar fecha, pienso que el Doctor Antonio Colina Barranco fue uno de los primeros en aplicar el curare. Si no los primeros, sí por lo menos, los que presentaron un trabajo sobre intubación endotraqueal, fueron los Doctores Martín Maquívar y Jorge Terrazas. (Trabajo citado, 1944). El Doctor Abraham Ayala González aplicó por primera vez en el Hospital General de esta Ciudad, en fecha ya citada, la técnica de Lemmon para anestesia raquídea continua. El Doctor Leopoldo Escobar en 1923, hizo por primera vez una anestesia caudal como tratamiento de una ciática, también en esta Capital. En el año de 1939, el Doctor Rodolfo L. Rodríguez, practicó en la Ciudad de Monterrey, las primeras anestesias epidurales.

Con los datos citados, no quiero establecer primacías. Cito nombres y fechas, pero quizás en otras poblaciones nos hayan precedido, pero como desconozco los datos, invito a las personas que los sepan a que me los remitan y de esta manera se redacte una historia del desarrollo de la Anestesia más completa.

 

Enseñanza y Sociedades

Cuando la Anestesia comenzó a tomar los caracteres de una verdadera especialidad, se sintió la necesidad de su enseñanza. Se comenzó por algunas conferencias al final de reuniones quirúrgicas o de cursos para postgraduados, como el que organizó la Asociación Médica Mexicana en el Hospital Juárez, en el año de 1930; el que, con motivo del Centenario de la fundación de la Escuela de Medicina, dictó el Doctor Ulisés Valdés sobre Cirugía abdominal, en el que hubo una lección destinada a la Anestesia (1933); el de la Sociedad Médica del Hospital General en 1932, para poner como ejemplos. En los hospitales se daban cursos de entrenamiento para el personal de internos y algunos, como los del Hospital Infantil, bajo la dirección del Doctor Guillermo de Ovando, se siguieron con regularidad por varios años.

Seguramente el esfuerzo más completo para la formación de verdaderos anestesiólogos, lo constituyen los cursos patrocinados por la Sociedad Mexicana de Anestesiología, que se iniciaron en 1955 y que llegan al tercero en el que en estos momentos se desarrolla y el patrocinado por la Secretaría de Salubridad y Asistencia Pública del año de 1957, para proporcionar especialistas en los establecimientos de su dependencia.

En el plan de estudios para la carrera de Médico Cirujano, figura como parte del programa de Terapéutica Quirúrgica, la Anestesia, que en los últimos años se le ha dado mayor importancia y su enseñanza se ha confiado a verdaderos anestesiólogos.

En la Ciudad de Guadalajara, la Anestesiología es materia que se enseña en el tercer año de la carrera de Medicina, desde 1947 y en la de Monterrey también hay un pequeño curso obligatorio, además de los cursos para postgraduados del Hospital Universitario.

Con verdadera pena confesamos la falta absoluta de documentación referente a la fundación de la Sociedad de Anestesistas de México. En el número uno de la pequeña revista titulada "Anestesia", correspondiente al mes de julio de 1936 (13) y que se publicaba anexa a la Revista de Cirugía, órgano de la Sociedad de Cirugía del Hospital Juárez, se encuentra la siguiente referencia: en dicho número y con el título "Presentación", se puede leer este párrafo que suscribo como Presidente de la Sociedad de Anestesistas de México: "La Sociedad de Cirugía del Hospital Juárez, entusiasta por todo lo que signifique progreso quirúrgico en nuestro País, patrocinó la fundación de la Sociedad de Anestesistas de México, hecho que constituyó uno de los acontecimientos de mayor importancia de la Primera Convención de Cirujanos". Efectivamente, los fundadores de dicha Sociedad, tenemos los diplomas que se nos otorgaron el 23 de noviembre de 1934, con ese carácter y suscritos por el Dr. Emilio Varela, Presidente y el Secretario, Doctor Juán White Morquecho. Así pués, en 1934, la Sociedad estaba organizada, tenía autoridades y daba diplomas a sus socios, lo que significa que la fecha de su fundación fue anterior a 1934. Faltos de datos para dar una fecha exacta, tomamos la de ese año, en la que públicamente hicimos acto de presencia en una reunión importante, como lo fue la Primera Convención de Cirujanos, como entonces se nombró a la que posteriormente se denominó Asamblea Nacional de Cirujanos y a partir de ella, computamos nuestras actividades.

La fecha ya citada de julio de 1936, marca también la primera publicación oficial de la naciente Sociedad. Durante el resto de ese año, el siguiente y los principios de 1938, apareció con regularidad el Suplemento de Anestesia en la Revista de Cirugía del Hospital Juárez.

Las primeras reuniones de organización, las tuvimos en el consultorio del Dr. Juán White Morquecho, en la Avenida Juárez, frente a la estatua de Carlos IV, conocida popularmente como "el Caballito" y una vez organizados, nos trasladamos al Hospital Juárez, al Salón de Sesiones del primer piso, donde mucho tiempo sesionó la Sociedad y donde se verificaron los primeros Congresos de Anestesiología. Diez años después, la especialidad había cobrado una importancia tal, que la "Sección de Anestesia y Cuidados Pre y Postoperatorios" que figuraba en las cinco primeras Asambleas Nacionales de Cirujanos, se convertía en el Primer Congreso Mexicano de Anestesiología (1946) y dado el número de los que cultivaban la especialidad, el año de 1948, se reorganizó bajo nuevas bases y cambió su denominación por la actual, Sociedad Mexicana de Anestesiología.

La Sociedad de Anestesiología de Guadalajara se fundó en febrero de 1948 y la de Monterrey en 1954. En fechas próximas han nacido la de San Luis Potosí (1953); la de la Laguna (1955); la de Puebla (1957), la de Chihuahua, la de Veracruz y la de Yucatán.

En el mes de julio de 1951 apareció el primer número de la Revista Mexicana de Anestesiología, órgano oficial de la Sociedad de ese nombre, que alcanza ya su octavo tomo.

Omito datos sobre bibliografía de la Anestesia, porque darían una extensión exagerada a este artículo y de condensarse, se incurrirían en omisiones. Hace algunos años inicié este interesante tema para los fines del siglo pasado y primeros años del presente, pero queda aún extenso terreno para seguirlo desarrollando.

 

Futuro

Imaginar adónde llegará una especialidad que hace tan rápidos progresos, es punto menos que imposible y si tratara de hacerlo, serían imaginaciones personales que quizá no se realizarían. Por eso prefiero delinear algunos puntos que quizá se plasmen en breve plazo, relativos a la organización y desarrollo de la especialidad, dejando el futuro técnico de ella en las manos de los investigadores.

Creo que la formación de nuevos especialistas es un objetivo fundamental y a su realización deben de concentrarse todos los esfuerzos. Si se dispone de elementos suficientes en número y con una buena preparación, cada centro quirúrgico, hospital o sanatorio, contará con la base primordial para realizar un buen trabajo de cirugía. Por eso es que todas las Sociedades de Anestesiología deben de tener la función de formar nuevos especialistas, organizando cursos formales por su extensión, sus prácticas y el tiempo suficiente para que se realicen estudios serios y si por alguna circunstancia no pueden hacerlos en esas condiciones, que prescindan de cursillos elementales y envíen a sus médicos a los sitios donde se les pueden ofrecer estudios garantizados. No es esto sólo; las Sociedades de Anestesiología deben de pugnar porque las retribuciones que se ofrezcan a los especialistas, sean decorosas y que se les respete en su calidad de anestesiólogos. Además, tratarán de conseguir becas para sus asociados en centros quirúrgicos, nacionales y extranjeros.

Otro objetivo que seguramente alcanzaremos es la calificación de los anestesiólogos para obtener un grado. Para esto es necesario que se unan las Sociedades de Anestesiología y las Autoridades competentes, para que éstas hagan respetar la jerarquización de los especialistas e impidan que personas no calificadas por quienes tienen los medios de hacerlo, ejerzan indebidamente, con el consiguiente peligro que significa confiar una anestesia a quien no tiene ni la preparación ni la práctica adecuada.

Hay otro aspecto que el futuro verá realizado y es la experimentación, fácil y organizada. El día que tengamos centros y medios para realizarla, estoy seguro que se formarán magníficos trabajadores y quizá de ellos salga algún adelanto de importancia para la especialidad.

La fusión de todas las Sociedades de Anestesiología en un solo cuerpo, es un ideal que a través de los años podrá lograrse, pero por el momento, sólo queda que cada Sociedad se robustezca y trabaje con toda intensidad y que todas se unan en los momentos en que es preciso mostrar el adelanto de la Anestesiología Mexicana, como sucede en los congresos nacionales y extranjeros y jornadas como la que celebramos. Todos tenemos el mismo ideal: el progreso de nuestra especialidad y para lograrlo unimos nuestros esfuerzos y hoy será una Capital de Provincia la que logre un éxito y todos nos alegraremos y sentiremos el triunfo como cosa propia y servirá de estímulo para superarnos. Todo en un plan de gran altura, sin pequeñeces, sin detalles nimios, sin personalismos; todos servidores y amantes de la Anestesiología, que nos una y nos eleve.

Anestesiólogos responsables, concientes, bien preparados, con estima de los cirujanos y respetados por las autoridades y por la sociedad; fuentes de trabajo para todos; agrupaciones que fomenten el estudio, que formen a los especialistas y que los jerarquizen según su calidad y méritos; centros de investigación para los amantes de esas disciplinas; reuniones nacionales e internacionales donde el título de anestesiólogo será sinónimo de hermano, sin fronteras ni distinciones; revistas y libros donde se expongan los conocimientos y las experiencias de sus autores. Tal es el panorama que ante mis ojos se presenta, no como una ilusión, sino como una realidad que tendrá que alcanzarse. Ustedes, jóvenes anestesiólogos, tienen ese porvenir en su mano. Lo que para mí es una meta alcanzada, para ustedes es una senda por recorrer. Doy gracias a Dios de que me permitió asistir al nacimiento de una especialidad, a seguirla en su desarrollo y a contemplarla en un futuro, al que no llegaré, lleno de claridades.

He querido verter en las páginas anteriores, toda una vida que consagré a esta especialidad; donde las espaldas se han encorvado, las sienes encanecido y órganos vitales resintieron la constante aspiración de los vapores anestésicos. Por desgracia no puedo ofrecer ni un pequeño progreso de la especialidad y ante esas manos vacías, sólo me queda el consuelo de haber contribuído, en mínima parte, a su desarrollo, creyendo en ella, cuando todos la negaban; con el espíritu y el corazón abierto para los que a mí se acercaban en busca de un consejo o de una orientación. Desde el principió la amé; creí en ella y a pesar de los fracasos dolorosos que me hundían en el abismo del que no parecía poder salir, volvía con nuevos ánimos a estudiar, a buscar otros derroteros y a evitar peligros y obstáculos. Pobres méritos para el que hubieran querido que fuera, creador de nuevos métodos, iniciador de teorías avanzadas, autor de trabajos audaces y novedosos. La elección de ustedes no tuvo más que un solo factor para determinarla: mi edad, pero de todos modos la agradezco infinitamente. Pero no he sido el único; otros me acompañaron en los principios de esa senda difícil y es justo que se les recuerde, porque también abrieron brechas en un sendero no trazado.

Mis últimas palabras de fe y aliento para el futuro de la Anestesiología Mexicana. Puedo sentarme al borde del camino y ver complacido esta generación de Anestesiólogos Mexicanos marchando entusiastas hacia un futuro lleno de promesas.

Monterrey, N.L., a 17 de noviembre de 1960.

 

Bibliografía:

1. Apuntes para la historia de la enseñanza de la Anatomía en México. Dr. Benjamín Bandera. Gaceta Médica de México. Tomo LX. No.1. Enero de 1929.
2. La Anestesia en la práctica de la Obstetricia. Dr. Pablo Martínez del Río. Gaceta Médica de México. Tomo XIII. No.24. Agosto de 1878.
3. ¿Cuándo y por quién se aplicó por primera vez en México la Anestesia por Inhalación?. Dr. Francisco Fernández del Castillo. Gaceta Médica de México. Tomo LXXVIII: Nos. 5 y 6. Octubre y diciembre de 1948.
4. La cocainización lumbar por el método de Tuffier. Dr. Ramón Pardo. Crónica Médica Mexicana. Tomo IV. No.1. 1900.
5. El anhídrido carbónico como auxiliar en Anestesia. Dr. Benjamín Bandera. Cirugía y Cirujanos. Año 3. No.1. Enero de 1935.
6. Influencia de los anestésicos sobre la tensión arterial. Dr. Francisco M. Zambrano. Anales del Sanatorio Valdés. Tomo II. 1926.
7. Pour diminuer le risque opératoire. Dupy de Frenelle. A. Maloine et Fils. París. 1924.
8. Aplicación del alcohol etílico como anestésico general por vía endovenosa. Miguel García Marín. Tesis. 1929.
9. 19 casos de anestesia con respiración controlada. Sus posibilidades en la anestesia de tórax. Doctor Martín Maquivar y Jorge Terrazas. Memorias del Primer Congreso de Tuberculosis y Silicosis. 1944.
10. Evolución de la raquianestesia en México. Dr. Benjamín Bandera. Memorias del II Congreso Argentino y I Latino Americano de Anestesiología. Buenos Aires. 1949.
11. Anestesia con Fluothane en método cerrado. Doctores Abel Morales Orive y Alberto Odor Guerini. Cirugía y Cirujanos. Año XXV. No.4. Abril de 1957.
12. Anestesia. Ano I. No.1. Julio de 1936. Anexo al No.7. Año VII. Revista de Cirugía del Hospital Juárez.
13. Bibliografía de la Anestesia en México. Dr. Benjamín Bandera. Gaceta Médica de México. Tomos LXIX, LXX y LXXI. 1939-1940-1941.
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