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| Anestesia
en Cirugía Fetal |
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Por:
Dr. Andrea Lupo |
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- Introducción
- Historia
- Alternativas terapéuticas
para anomalías fetales
- Consideraciones anestésicas
- Consideraciones éticas
y médico-legales
- Manejo anestésico
- Técnica anestésica
- Bibliografía
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INTRODUCCION
La
cirugía fetal, con un desarrollo relativamente reciente, ha
dejado de ser un modelo de estudio experimental para convertirse en
un procedimiento diagnóstico y terapéutico para determinadas
patologías fetales. Los avances en las técnicas diagnósticas
prenatales (ECO de alta resolución, análisis bioquímico
y citogénico del líquido amniótico y de la sangre
fetal) no sólo han facilitado el reconocimiento de anomalías
fetales, sino han permitido el galopante desarrollo de esta nueva
terapéutica minimizando la morbimortalidad materna y fetal
tanto intra como postoperatoria (1,
2). [arriba]
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HISTORIA
Los primeros estudios
sobre cirugía fetal datan de 1920 cuando se utilizaron modelos
experimentales animales para la corrección in útero de
oclusión intestinal, coartación aórtica y hernia
diafragmática con resultados alentadores.
En 1963, Liley reporta
el éxito obtenido con una técnica quirúrgica realizada
sobre un feto humano diseñada para el tratamiento de uno de los
mayores retos clínicos de ese tiempo como lo era la "enfermedad
hemolítica fetal". A través de este procedimiento el feto
era localizado por fluoroscopía, seguidamente se le colocaba
una aguja percutánea dentro de la cavidad peritoneal e inmediatamente
después se transfundían glóbulos rojos.
Pocos años
después, en 1966, Asensio reporta, con la madre bajo anestesia
general inhalatoria, la exteriorización del miembro inferior
de un feto humano a través de una histerotomía y la posterior
canulación de los vasos femorales para la transfusión
de glóbulos rojos. Sin embargo este método fue rápidamente
abandonado debido a la dificultad para prevenir el parto pretérmino,
a la elevada morbilidad materna y a que los resultados obtenidos fueron
menos satisfactorios en comparación con el procedimiento original
de Liley.
En 1974, Hobbins
y Mahoney describen la fetoscopía. Se trataba de un nuevo método
para la visualización directa del feto utilizando un pequeño
endoscopio de fibra óptica que era introducido a través
de una aguja de calibre nº10 y por medio del cual podían
tomarse muestras sanguíneas y tisulares.
En 1977, con el
desarrollo de los nuevos equipos de ultrasonido se marca el inicio de
la era moderna para el diagnóstico de patologías fetales.
En 1981, Bimholz
reporta la aspiración terapéutica de líquido cefalorraquídeo
a través de una delgada aguja introducida en los ventrículos
cerebrales dilatados de un feto humano con hidrocefalia obstructiva
congénita severa.
En 1982, Kirkinen
describe la aspiración de líquido desde la pelvis renal
de un feto humano con hidronefrosis congénita obstructiva bilateral.
En este mismo año, Beng perfecciona la técnica fetoscópica
de Hobbins y Mahoney.
En 1983 se funda
la "Sociedad de Medicina Fetal".
Finalmente, hace
pocos años, se inicia en la Universidad de California el "Programa
de Tratamiento Fetal" que ofrece asesoramiento y un amplio rango de
posibilidades terapéuticas para un número cada vez creciente
de patologías fetales, el cual se encuentra integrado por un
equipo multidisciplinario conformado por obstetras, perinatólogos,
neonatólogos, cirujanos, anestesiólogos, genetistas, imagenólogos,
psiquiatras, psicólogos, trabajadores sociales, enfermeras especializadas
y personal de soporte en general. [arriba]
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ALTERNATIVAS
TERAPEUTICAS PARA ANOMALIAS FETALES
La mayor parte de
las malformaciones fetales corregibles que son diagnosticadas in
utero pueden ser tratadas exitosamente después del nacimiento
a término (tabla 1)(1,
3). |
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| Tabla
1. Malformaciones fetales diagnosticadas
in utero y corregidas después del nacimiento a término. |
- Atresia esofágica, duodenal,
yeyunoileal y anorectal.
- Ileo meconial (Fibrosis quística).
- Quiste entérico y duplicaciones.
- Onfalocele pequeño intacto.
- Meningocele, mielomeningocele
y espina bífida pequeña e intacta.
- Hidronefrosis obstructiva congénita
bilateral.
- Deformidades craneofaciales,
de la pared torácica y abdominal.
- Higroma quístico y teratoma
sacrococcigeo pequeño.
- Quistes benignos (ováricos
y mesentéricos)
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| El diagnóstico
prenatal de anomalías congénitas severas no potencialmente
corregibles e incompatibles con una vida postnatal representa una indicación
para la interrupción del embarazo (tabla
2)(1, 3). |
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| Tabla
2.
Malformaciones fetales diagnosticadas in útero y frecuentemente
manejadas con aborto terapéutico. |
- Anencefalia, microcefalia,
encefalocele e hidrocefalia gigantes.
- Agenesia renal y enfermedad
renal poliquística bilateral.
- Displasias óseas mortales
(Osteogénesis imperfecta recesiva).
- Cualquier malformación
congénita severa asociada con anomalías cromosómicas
(Trisomía 13, trisomía 18).
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| Existen también malformaciones fetales
que pueden beneficiarse de tratamiento médico in útero(tabla
3)(1, 3). |
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| Tabla
3. Deficiencias y anomalías fetales corregidas
con tratamiento médico in utero |
- Surfactante pulmonar deficiente.
- Anemia.
- Deficiencias endócrinas
(hipotiroidismo, bocio, hiperplasia adrenal).
- Bloqueos metabólicos
(acidemia metilmalónica dependiente de vitamina B12,
deficiencia de carboxilasa múltiple dependiente de
biotina).
- Retardo en el crecimiento intrauterino.
- Arritmias cardíacas.
- Defectos hematopoyéticos.
- Defectos genéticos sencillos
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| Determinadas anomalías pueden influenciar
el momento del nacimiento, particularmente cuando su corrección
temprana puede minimizar la lesión progresiva e irreversible (tabla
4). En estos casos, la malformación llega a ser más
severa con la continuación de la gestación. No obstante,
el riesgo de prematuridad debe ser siempre evaluado junto con el riesgo
de continuar la gestación. Por otro lado, la cesárea electiva
es apropiada para malformaciones fetales que causan distocia pero que
son corregibles después del embarazo o en las que el trabajo de
parto puede no ser tolerado por el feto (tabla 5)(1,
3). |
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Tabla
4. Malformaciones fetales susceptibles de inducción
de parto pretérmino para corrección neonatal. |
- Hidrocefalia obstructiva.
- Hidronefrosis obstructiva.
- Malformaciones de banda amniótica.
- Gastroquisis o ruptura de onfalocele.
- Vólvulo intestinal e
íleo que causan isquemia o necrosis intestinal.
- Hidrops fetalis.
- Retardo en el crecimiento intrauterino.
- Arritmias que causan insuficiencia
cardíaca.
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| Tabla
5. Malformaciones fetales que pueden requerir
parto por cesárea. |
- Siameses.
- Gastroquisis u onfalocele gigantes.
- Gran hidrocefalia, teratoma
sacrococcígeo, higroma quístico o mielomeningocele.
- Malformaciones fetales en las
que el trabajo de parto es inadecuado o en las que se presenta
sufrimiento fetal.
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| Finalmente, la intervención quirúrgica
intrauterina es una alternativa razonable para la corrección de
ciertas anomalías fetales, como aquellas que progresan in útero
y causan daño fetal irreversible antes del desarrollo de la
madurez pulmonar necesaria para la sobrevivencia extrauterina. La cirugía
fetal debe considerarse una alternativa terapéutica adecuada sólo
cuando puede ser potencialmente más exitosa que la terapia después
del nacimiento y está indicada para la corrección de malformaciones
anatómicas específicas (tabla 6)
si no existen dudas sobre el diagnóstico prenatal, si la gestación
es única, si la severidad de la lesión justifica el tratamiento
quirúrgico, si no existen otras anomalías congénitas
o cromosómicas asociadas, si existe para el momento del diagnóstico
tiempo suficiente para que el tejido pulmonar pueda desarrollarse antes
de la culminación del embarazo, si las pruebas virológicas
maternas son negativas, si el riesgo materno es aceptablemente bajo, si
existe un equipo multidisciplinario especializado y si el grupo familiar
acepta el procedimiento (1, 4). |
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| Tabla
6. Malformaciones anatómicas que pueden beneficiarse
de corrección quirúrgica prenatal. |
- Hidronefrosis congénita
obstructiva bilateral.
- Hernia diafragmática.
- Malformación pulmonar
adenomatoidea quística congénita.
- Teratoma sacrococcígeo.
- Hidrocefalia obstructiva.
- Anomalías cardíacas
(obstrucción del trato de salida ventricular).
- Bloqueo cardíaco completo.
- Defectos del tubo neural.
- Anormalidades esqueléticas.
- Craneosinostosis.
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| El
feto, además, es un candidato quirúrgico ideal porque
el ambiente uterino permite una rápida recuperación postoperatoria,
la circulación umbilical satisface las necesidades nutricionales
y respiratorias sin asistencia externa, los tejidos fetales tienen una
elevada capacidad regenerativa y la escasa vigilancia inmunológica,
facilita la utilización de todo tipo de material médico-quirúrgico
(1, 2).
En términos
generales, las anomalías anatómicas fetales consideradas
potencialmente corregibles in útero se deben a fallas
en el cierre de los tejidos embrionarios o son causadas por fenómenos
obstructivos (2). Entre
las más importantes tenemos:
- La hidronefrosis
congénita obstructiva bilateral causada por obstrucción
uretral (generalmente por la presencia de valvas uretrales posteriores),
es un ejemplo de una lesión anatómica sencilla con
consecuencias potencialmente devastadoras para el desarrollo fetal
si no es corregida antes del nacimiento. La hidronefrosis es ahora
reconocida con mayor frecuencia y facilidad porque la visualización
del tracto urinario dilatado es particularmente sencilla por medio
de los modernos equipos de ultrasonografía y porque el oligohidramnios,
producto de la disminución en la excreción urinaria
fetal, es una indicación obstétrica común para
la realización de este estudio. Fisiopatológicamente,
la obstrucción persistente del tracto urinario inferior determina
una disminución en la emisión normal de orina, con
el resultante oligohidramnios, y que retrógradamente se dilaten
la vejiga (megavejiga) y los uréteres (megauréter
e hidronefrosis), lo que interfiere con el desarrollo renal, dependiendo,
la severidad del daño, tanto del grado como de la duración
de la obstrucción. El tracto urinario severamente distendido
genera un aumento en el volumen y en la presión intraabdominal
que pueden comprimir el cordón umbilical y restringir el
desarrollo normal de las estructuras torácicas. La limitación
mecánica a la que se enfrentan el árbol traqueobronquial
y las estructuras de soporte tóracoabdominales en fase de
crecimiento activo, además de las posiciones anómalas
que, en estas circunstancias, puede asumir el feto y del oligohidramnios,
son los factores responsables de la hipoplasia pulmonar, de las
deformidades esqueléticas faciales y de la pared tóracoabdominal
que generalmente acompañan a esta entidad patológica
(1, 3).
Desde el punto de vista terapéutico, podría pensarse
en la inducción del parto pretérmino para permitir
una descompresión extrauterina del tracto urinario, sin embargo
la inmadurez pulmonar fetal limita la eficacia de este procedimiento
y el único tratamiento eficaz es su descompresión
temprana in útero (derivaciones vesicoamnióticas,
uterostomías bilaterales o marsupialización de la
vejiga) con la continuación de la gestación. Esto
permite el desarrollo pulmonar, renal y musculoesquelético
del feto, además de restaurar la dinámica normal del
líquido amniótico, lo que previene la ocurrencia de
severas secuelas debidas al oligohidramnios (1,
4).
- La hernia
diafragmática congénita afecta aproximadamente
a 1 de cada 2.400 recién nacidos y se acompaña de
una mortalidad del 60% por insuficiencia respiratoria. El contenido
abdominal en el interior del tórax impide el desarrollo normal
del parénquima pulmonar antes del nacimiento, por lo que
es mandatoria la corrección del defecto diafragmático
in útero para prevenir la hipoplasia pulmonar. La
severidad de esta patología depende de la extensión
del contenido abdominal herniado y del tiempo de evolución
(1, 4).
La corrección quirúrgica temprana es técnicamente
compleja, prolongada y está acompañada de una elevada
morbimortalidad fetal. Es necesaria la expansión previa de
la cavidad abdominal para que así permita el regreso de los
órganos herniados sin incrementos bruscos en la presión
intraabdominal, lo que generaría compresión visceral
del cordón umbilical y del ducto venoso, en particular cuando
también algún lóbulo hepático acompaña
a la herniación. Muchos autores recomiendan la utilización
simultánea de toractomía y de laparotomía subcostal
lo que facilita la exposición quirúrgica, permite
la reducción de las vísceras herniadas mediante la
técnica de "jala y empuja" (pull and push), hace posible
una adecuada reconstrución diafragmática y minimiza
el daño al ducto venoso y al cordón umbilical (actualmente
se está utilizando el doppler a color para la adecuada
identificación de los elementos vasculares). La oclusión
traqueal, mediante un dispositivo tipo tapón, es una alternativa
eficaz en los casos de herniación hepática. Una vez
completada, los líquidos y las secreciones del árbol
tráqueobronquial se acumulan y expanden el parénquima
pulmonar, empujando las vísceras hacia la cavidad abdominal.
El tapón debe ser removido inmediatamente después
del nacimiento (1, 5).
- La malformación
adenomatoidea quística congénita es una masa quística
pulmonar benigna que a menudo se asocia a hidrops fetalis y a hipoplasia
pulmonar. En una serie de más de 50 casos diagnosticados
prenatalmente, se encontró que el pronóstico global
de esta patología depende del tamaño del tumor y de
los trastornos fisiopatológicos secundarios que genera por
compresión de las estructuras intratorácicas y mediastinales.
Entre ellos tenemos a la hipoplasia del parénquima pulmonar,
al polihidramnios por compresión esofágica y al compromiso
cardiovascular con hidrops y muerte fetal en casos severos (1,
3). Las lesiones pequeñas pueden
ser extirpadas después del nacimiento, pero las masas de
gran tamaño deben ser tratadas durante la vida fetal para
minimizar así las consecuencias fisiopatológicas que
tienen sobre el desarrollo fetal. Para ello se ha realizado el drenaje
del tumor mediante toracocentesis o a través de catéteres
para derivar el contenido del quiste hacia la cavidad amniótica,
sin embargo los resultados obtenidos con estos métodos no
siempre han sido satisfactorios, por lo que ha llegado a ser necesaria
la lobectomía fetal, procedimiento técnicamente más
complejo pero sumamente efectivo (1,
4).
- El teratoma
sacrococcígeo es el tumor neonatal más frecuente.
La mayoría de los teratomas sacrococcígeos son diagnosticados
en recién nacidos cuando el potencial maligno es bajo y el
pronóstico es bueno. Sin embargo, el diagnóstico ultrasonográfico
prenatal ha identificado fetos con teratomas grandes, placentomegalia
e hidrops asociado. La muerte fetal puede ocurrir por insuficiencia
cardíaca de alto gasto asociado con "robo vascular", debido
al flujo sanguíneo extremadamente alto a través del
tumor, que se comporta como una gran fístula arterio-venosa,
o por distocias de rotación y hemorragia masiva por ruptura
de la lesión durante el trabajo de parto. Además,
el desarrollo de hidrops fetal y la placentomegalia pueden inducir
en la madre un "síndrome en espejo", un cuadro potencialmente
devastador, con una muy elevada mortalidad y caracterizado por vómitos,
hipertensión, proteinuria, edema pulmonar y periférico,
secundado a la liberación de substancias vasoactivas a partir
de la placenta edematosa. Todo lo anteriormente expuesto hace necesaria
la excéresis tumoral in utero; sin embargo los resultados
obtenidos hasta ahora han sido poco satisfactorios porque no siempre
se logran revertir las complicaciones hemodinámicas materno-fetales
si ya se ha establecido una placentomegalia importante (1,
3).
- En el feto
con hidrocefalia obstructiva, la cefalocentesis puede disminuir
la presión intracraneal elevada y permitir el desarrollo
del SNC fetal por derivación del LCR. Sin embargo, el intento
de colocación temprana, por vía percutánea,
de catéteres para derivación ventrículo-amniótica
no ha permitido la resolución definitiva de esta patología
y la selección adecuada de los casos continúa siendo
un problema no resuelto (1,
2).
-
Otros
defectos potencialmente corregibles incluyen anomalías
cardíacas (obstrucción del tracto de salida
ventricular y bloqueo cardíaco completo), defectos del
cierre del tubo neural, craneosinostosis y ciertas
malformaciones esqueléticas. Sin embargo el tratamiento
quirúrgico in utero de estas entidades patológicas
está siendo aún investigado en modelos animales,
por lo que no se disponen de datos clínicos que confirmen
su real utilidad en el hombre (1,
3) [arriba]
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CONSIDERACIONES
ANESTESICAS
En vista de que este tipo peculiar de cirugía
involucra tanto a la madre como al feto, ambos deben ser tomados en
cuenta cuando se planifica el manejo anestésico (1,
2). Debemos entonces considerar:
- a)
Objetivos maternos: 1.
"Seguridad materna", 2. Prevención
y/o tratamiento del trabajo de parto pretérmino, 3.
Relajación uterina adecuada, y, 4.
Futuro reproductivo materno.
- b)
Objetivos fetales: 1.
Teratogenicidad de los agentes anestésicos, 2.
Preservación del bienestar fetal, 3.
Anestesia, analgesia y amnesia fetal, y, 4.
Relajación fetal adecuada, y
- c)
Consideraciones éticas y médico-legales
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OBJETIVOS
MATERNOS
1.
"Seguridad materna":
Los cambios hormonales,
el efecto mecánico del útero grávido, el incremento
de las demandas metabólicas materno-fetales, el cortocircuito
útero-placentario y la génesis de un compartimiento fetal
generan, durante el embarazo, una serie de modificaciones fisiológicas
en los diferentes aparatos y sistemas maternos y éstas, a su
vez, se acompañan de importantes consideraciones en lo que a
conducta anestésica se refiere, básicamente las mismas
que para la cirugía no obstétrica en la embarazada (1,
2).
Debemos recordar
además, que en este tipo de cirugía la madre se comporta
como el único vehículo a través del cual se va
a poder tener acceso al feto ("madre sana - feto enfermo"), lo que genera
potenciales riesgos quirúrgicos que, como integrantes de un equipo
multidisciplinario, debemos prevenir y tratar oportunamente en una paciente
que estrictamente hablando "no está enferma".
2.
Prevención y/o tratamiento del trabajo de parto pretérmino,
y, 3. Relajación uterina adecuada:
Sin lugar a dudas,
la prevención y/o el tratamiento del trabajo de parto pretérmino
constituyen el "talón de Aquiles" de la cirugía fetal
en vista de que está asociado a una alta tasa de mortalidad fetal
y de morbilidad materna. El útero humano es altamente sensible
a la manipulación quirúrgica y, según las mayoría
de los autores, a algunos fármacos utilizados por el anestesiólogo
como la ketamina (dosis mayores de 1.1 mg/kg de peso), drogas vasoactivas
(a-agonistas y b-antagonistas) y agentes anticolinesterásicos.
Los principales problemas que el desencadenamiento de contracciones
uterinas dinámicas pueden generar son: aborto o prematuridad,
dependiendo de la edad gestacional, disminución del flujo útero-placentario,
relajación uterina inadecuada, DPP y, finalmente, puede verse
comprometido el éxito de la cirugía por la migración
eventual de catéteres vesicoamnióticos o ventrículoamnióticos
o por el desplazamiento de agujas percutaneas (1,
2, 4).
4.-
Futuro reproductivo materno:
El futuro reproductivo
materno no se ve comprometido en términos de fertilidad, sin
embargo debido a que en la etapa del embarazo en que la mayoría
de estos procedimientos se realizan no se ha formado aún el segmento
inferior del útero, la histerotomía en el cuerpo uterino
corresponderá a una cesárea corporal. Existe así
un elevado riesgo de ruptura uterina si se llega a desencadenar un trabajo
de parto durante éste o futuros embarazos, por lo que la paciente
deberá siempre ser planificada para cesárea electiva.
Por lo tanto el futuro reproductivo materno se ve limitado por las características
de la incisión uterina (2,
3). [arriba]
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OBJETIVOS
FETALES
1.-
Teratogenicidad de los agentes anestésicos:
El potencial teratogénico
de los agentes anestésicos sigue siendo uno de los temas más
controversiales de la anestesia obstétrica. Muchos de los temores
que se tienen con su uso durante el embarazo surgen del efecto que ellos
producen sobre las células aisladas de mamíferos a concentraciones
clínicas, como la inhibición reversible de la motilidad
y de la división celulares, la prolongación de la síntesis
de DNA, una disminución en el número de somitas y una
disminución en el crecimiento y en la viabilidad del embrión,
entre otros (1, 2).
Sin embargo se trata de consideraciones teóricas ya que no existen
aún datos concretos que relacionen estos efectos in vitro
con un verdadero potencial teratogénico in vivo. Recordemos
además que la mayoría de los trabajos de investigación
en esta área se han hecho en modelos animales y sabemos que la
susceptibilidad en desarrollar anomalías congénitas varía
de una especie a otra, lo que limita notablemente la aplicabilidad de
estos resultados en el hombre. Por otro lado, los primeros estudios
en animales con drogas anestésicas, en particular con agentes
neurotrópicos, reportan alteraciones del SNC, anomalías
esqueléticas, retardo en el crecimiento intrauterino y alteraciones
en los patrones de conducta en la mayoría de las especies estudiadas.
Sin embargo estas alteraciones se observaron en los productos de aquellas
madres que presentaron alteraciones ventilatorias, hemodinámicas
y en sus hábitos nutricionales inducidas por el agente. Estudios
posteriores en los que se utilizaron los mismos modelos animales, los
mismos agentes, en dosis similares, en la misma etapa de desarrollo
y con la misma duración de exposición, donde se controlaron
los efectos indirectos antes mencionados, no se encontró una
mayor incidencia de malformaciones congénitas con respecto al
grupo control no expuesto (1).
Se necesitan entonces estudios adicionales para evaluar definitivamente
la contribución relativa de los efectos directos e indirectos
en el potencial teratogénico de cada uno de estos fármacos.
Desde el punto de vista práctico, entonces, parece poco probable
que a las dosis clínicas utilizadas, con breves periodos de exposición
y fuera del periodo de organogénesis (que para la especie humana
va desde el día 31 hasta el día 71 del embarazo contados
a partir del primer día del último ciclo menstrual) los
agentes anestésicos produzcan anomalías congénitas
en el hombre (1, 3).
2.-
Preservación del bienestar fetal:
El mantenimiento
de la homeostasis cardiovascular, de la temperatura corporal, de una
adecuada oxigenación tisular y del equilibrio ácido-base
son requisitos indispensables para preservar en el feto la capacidad
metabólica oxidativa de nutrientes. Como veremos en la sección
correspondiente, todas estas variables deben ser estrictamente monitorizadas
por el anestesiólogo ya que de ellas depende el éxito
de la cirugía y el pronóstico fetal (1,
4).
3.-
Anestesia, analgesia y amnesia fetal:
Aún existe
en la comunidad médica la errada creencia de que ni el feto ni
los recién nacidos pretérmino experimentan dolor debido
a una inmadurez relativa de su SNC. Sin embargo ahora se sabe con certeza
que ambos poseen todos los requerimientos anatómicos y funcionales
para la percepción del dolor. Las terminaciones libres del dolor
(receptores nociceptivos) comienzan a aparecer a las 7 semanas de gestación
y a las 20 semanas se encuentran ampliamente distribuidas, con una densidad
mayor que en los adultos, en todas las superficies cutáneo-mucosas.
Las sinapsis entre los nociceptores y las interneuronas de las astas
superiores de la médula espinal se establecen entre las 13 y
30 semanas. Las fibras nociceptivas desde la médula y hasta centros
subcorticales (sistema reticular activador ascendente y tálamo)
completan su mielinización en la semana 30. La falta de mielinización
se ha utilizado equivocadamente como índice de inmadurez del
SNC y como base anatómica para explicar la falta de actividad
nociceptiva en el feto. Sin embargo, debemos recordar que los impulsos
dolorosos son transportados por fibras amielínicas (fibras C)
o muy poco mielinizadas (fibras A delta) y que el posible enlentecimiento
en la conducción que esto genera es compensado por las cortas
distancias que tienen que atravesar los impulsos en el feto. El desarrollo
cortical comienza a las 8 semanas, en la semana 20 cada hemisferio cerebral
posee alrededor de 10.000 millones de neuronas y entre las 20-24 semanas
se establecen las sinapsis tálamo-corticales. A partir de este
momento existe la representación cortical de la actividad nociceptiva
y el sustrato anatómico necesario para la precepción del
dolor. Existen además evidencias de la completa madurez cerebral
fetal antes del término dadas por patrones de actividad eléctrica
(EEG y potenciales evocados somatosensoriales), de actividad metabólica
(utilización de glucosa en áreas sensoriales y patrones
de flujo sanguíneo cerebral) y de actividad conductual (6).
Actualmente se sabe también que el feto posee los requerimientos
bioquímicos para la percepción del dolor: los sistemas
de taquikininas (sustancia P, neurokinina A y neuromedina K) y de opioides
endógenos (encefalinas y endorfinas) completan su total desarrollo
al final de las 20 semanas. Por otro lado se sabe también que
cualquier estímulo nociceptivo es capaz de inducir alteraciones
hormonales, metabólicas y neurológicas desencadenadas
por la liberación de mediadores en respuesta al "stress". Se
induce así un estado hipercatabólico en un feto con reservas
de carbohidratos, lípidos y proteínas ya disminuidas por
el crecimiento de los tejidos y por el comienzo de los fenómenos
adaptativos a la vida extrauterina, que puede comprometer seriamente
el pronóstico e incrementar la morbimortalidad tras la cirugía
si esta respuesta no es atenuada o abolida (1,
2, 7). Toda esta serie de
evidencias justifican el hecho de que hay que brindar al feto sometido
al stress quirúrgico un plano anestésico, analgésico
y, tal vez, amnésico adecuados.
4.-
Relajación fetal adecuada:
La
abolición de los movimientos fetales es necesaria para este tipo
de procedimientos ya que minimiza la posibilidad de traumatismos y facilita
la maniobrabilidad del equipo quirúrgico en un campo reducido
(1, 2, 4).
[arriba]
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CONSIDERACIONES
ETICAS Y MEDICO-LEGALES
La complejidad del
acto médico asociado a la cirugía fetal trasciende el
diagnóstico y el tratamiento de la patología de base y
plantea opciones técnicas que aún no han sido totalmente
evaluadas. Estas opciones han generado complejos problemas sociales,
éticos y legales ya que las normativas federales y estatales
existentes en esta área son controversiales y confusas. Aunque
dentro del alcance y de los objetivos de la medicina tradicional se
encuentra la posibilidad de proporcionar curación in útero
a un feto enfermo, es imperativo determinar, y sólo el tiempo
nos ayudará en esta tarea, si este tipo de cirugía es
una opción real, concreta y justa o si se trata de ensayos experimentales
en fase preeliminar. A las clásicas consideraciones sobre seguridad,
efectividad, costos, beneficios y disponibilidad de materiales y personal
humano, se suman importantes limitaciones en cuanto a la sensibilidad
y especificidad de los métodos diagnósticos (sobretodo
para excluir otras anomalías asociadas) y el desconocimiento
de las consecuencias a mediano y largo plazo de este tipo de terapéutica.
La cirugía fetal pone además los derechos de una madre
sana frente a las necesidades de un feto enfermo: ¿preservar
la salud de uno podría poner en riesgo la del otro?, ¿podrían
las autoridades legales forzar a una madre temerosa a someterse a cirugía
para así preservar la salud del feto?. Debido a que éstas
y muchas otras preguntas no tienen todavía una respuesta objetiva,
los padres que acepten la cirugía fetal deberán ser exhaustivamente
informados sobre la naturaleza del procedimiento, sus riesgos y beneficios
sobre la madre y el feto, las posibles complicaciones y el pronóstico
estimado (1, 2).
[arriba]
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MANEJO
ANESTESICO
I.-PERIODO
PREOPERATORIO
- Evaluación
preoperatoria
- Debe realizarse
una evaluación exhaustiva de la historia médica de la
madre, que incluya los resultados de las valoraciones obstétricas,
las condiciones fetales y el tipo de procedimiento quirúrgico
programado. Es indispensable que el anestesiólogo, como integrante
del equipo multidisciplinario, cree un ambiente de confianza con la
paciente y con el grupo familiar (1,
2).
- Medicación
preanestésica
- Los objetivos
de la medicación preanestésica son básicamente
los mismos que se persiguen para la cirugía no obstétrica
en la paciente embarazada (1).
Entre ellos tenemos: la ansiolisis (desde psicoterapia hasta la utilización
de midazolam), la prevención de la broncoaspiración
(ayuno mayor de 8 horas, antiácidos no particulados, bloqueantes
H2, metoclopramida y ondasetrón), la disminución
del tono vagal y la reducción de las secreciones tráqueobronquiales
(ambos objetivos pueden alcanzarse mediante la utilización
de fármacos antimuscarínicos como la atropina o preferiblemente
el glicopirrolato ya que este último, al no atravesar la barrera
placentaria, no tiene efectos sobre la frecuencia cardíaca
fetal) (1, 2),
el asegurar una adecuada estabilidad hemodinámica materna (la
paciente debe permanecer en decúbito lateral izquierdo inclusive
durante su traslado al área quirúrgica), la planificación
de una estrategia analgésica adecuada y la tocolisis (generalmente
se administra indometacina vía rectal la noche anterior e inmediatamente
antes del ingreso a quirófano) (1).
II.-
PERIODO INTRAOPERATORIO Monitorización
La importancia de
contar con un sistema de vigilancia adecuado es la de poder no sólo
reconocer precozmente y así evitar el desarrollo de cualquier
complicación aguda tanto en la madre como en el feto durante
el transoperatorio, sino también de que es crucial para evaluar
la respuesta fetal a las maniobras correctivas (1,
2, 4).
La monitorización
materna dependerá del estado general de la paciente y del tipo
de procedimiento quirúrgico a realizar (1).
A)
Procedimientos quirúrgicos menores:son
todos aquellos que potencialmente se asocian a un mínimo riesgo
tanto para la madre como para el feto, tienen una duración aproximada
menor de 30 minutos, no requieren de histerotomía y son técnicamente
sencillos. En estos casos se debe contar con ECG continua, medición
no invasiva de la presión arterial, oximetría de pulso,
capnografía, y tocodinamómetro (1,
2, 4).
B)
Procedimientos quirúrgicos mayores:
son todos aquellos que potencialmente se asocian a un riesgo
más elevado tanto para la madre como para el feto, tienen una
duración mayor de 30 minutos, requieren de histerotomía
y son técnicamente difíciles. En estos casos se debe
contar con la monitorización recomendada para los procedimientos
quirúrgicos menores, a la que deberán agregarse los
siguientes monitores dependiendo de las condiciones maternas: medición
invasiva de la presión arterial, vía venosa central,
diuresis horaria, determinaciones seriadas de gases arteriales, glicemia
y electrolitos séricos y estimulador de nervios periféricos
(1, 2).
La monitorización
fetal no va estar determinada por el tipo de procedimiento quirúrgico
y siempre debe incluir:
A)
ECG: para la vigilancia continua de la
frecuencia cardíaca fetal (FCF) se han diseñado una serie
de dispositivos que recogen y presentan la información de diferentes
formas. Los electrodos de registro pueden colocarse en la pared abdominal
materna (ECG externa) o puede colocarse un electrodo sobre el torax
fetal y otro, de referencia que funge como tierra, sobre el abdomen
materno (ECG interna). Los electrodos se conectan posteriormente a un
cardiotacómetro que procesa la información y la grafica
en pantalla. Sin embargo, este dispositivo tiene la desventaja de que
con él se presentan numerosos artefactos generados por los movimientos
fetales y la manipulación quirúrgica, siendo el trazo
poco confiable y difícil de interpretar. Actualmente se han ideado
otros métodos más sofisticados como la utilización
de un marcapasos auricular modificado, en el cual el alambre distal
se sutura a la pared torácica del feto y el proximal se conecta
directamente al cardiotacómetro; también se encuentra
en el mercado un aparato portátil con antena que recibe la señal
desde un electrodo suturado en el subcutáneo del torax fetal
que, además de registrar la FCF, realiza mediciones sobre la
temperatura del feto y la presión intrauterina. Estos últimos
sistemas de monitorización ofrecen un registro confiable, pudiendose
evaluar en detalle la morfología de las ondas P y de los complejos
QRS (1, 2).
B)
Plestimografía y oximetría de pulso: a
través de un sensor digital impermeable en miniatura, colocado
en el brazo, en la pierna o, preferiblemente, en el arco palmar del
feto, se obtienen simultáneamente una onda pletismográfica
de pulso arterial y la saturación arterial de oxígeno
(Sat.aO2). Existen también sensores en forma de
una pequeña placa plana que se pueden colocar en cualquier
parte de la superficie fetal expuesta y hace pocos años se
creó un dispositivo que cuenta con una especie de silenciador
(NELLCOR N200) para así disminuir los posibles estímulos
acústicos al feto (1,
2).
C)
Temperatura.
D)
Gases arteriales, electrolitos séricos y glicemia fetal.
E)
Accesos venosos, tomados por el cirujano.
F)
Ultrasonografía y ECO-Doppler para localizar
e identificar correctamente la placenta, el cordón umbilical
y las regiones anatómicas fetales; además pueden utilizarse
para monitorizar la FCF, la función miocárdica y el
flujo sanguíneo regional (2).
G)
En el futuro se podrá contar además con la dispositivos
para la monitorización del electroencéfalograma (EEG),
de lospotenciales evocados somatosensoriales, de la presión
de perfusión placentaria, del pH tisular y de las variables
oximétricas en forma continua y en cada tejido por separado
(1, 2).
[arriba]
|
| |
|
Técnica
anestésica
La selección
de la técnica anestésica va a depender del tipo de procedimiento
quirúrgico y de las condiciones maternas (1,
2, 4).
En términos
generales, para los procedimientos quirúrgicos menores
se han propuesto las siguientes altenativas:
- Anestesia infiltrativa
local con sedación materna y analgesia materno-fetal.
- Anestesia infiltrativa
local con relajación muscular fetal (puede utilizarse sola
o en conjunto con la técnica anterior).
- Anestesia regional
(peridural o espinal).
- Anestesia general.
Los procedimientos
quirúrgicos mayores deben realizarse bajo anestesia general
(1, 2)
con previa colocación de un catéter peridural materno para
la analgesia postoperatoria. Independientemente
de la técnica anestésica seleccionada y del procedimiento
quirúrgico a realizarse, se debe contar en el quirófano
con el arsenal terapéutico y con el personal médico y
paramédico necesario para la resolución inmediata de cualquier
complicación que pueda comprometer tanto a la madre como al feto
(1).
1.
Anestesia infiltrativa local con sedación
materna y analgesia materno-fetal
- Indicaciones:
cualquier procedimiento que se realice sin histerotomía (procedimientos
percutaneos como tomas de muestras sanguíneas, biopsias y transfusiones)
(1, 2).
- Técnica:
el cirujano realiza la infiltración con anestésico local
(generalmente lidocaína al 1%) en la pared abdominal materna
y el anestesiólogo administra benzodiacepinas (diacepan a 0,05
a 0,1 mg/kg de peso o midazolam a 0,025-0,050 mg/kg de peso) y opioides
liposolubles (fentanyl a 0,5-1 mcg/kg de peso o sufentanyl a 0.05-0.1
mcg/kg de peso) por VEV y en forma titulada hasta alcanzar el efecto
deseado sedante y analgésico deseado.
- Ventajas:
Proporciona sedación, analgesia y confort materno; ofrece
analgesia fetal, debido al paso transplacentario de las drogas analgésicas
administradas a la madre, y cierta disminución en los movimientos
fetales.
- Desventajas:
puede acompañarse de sedación profunda materna y de
depresión respiratoria, con el riesgo consiguiente de broncoaspiración
y de hipoxemia.
2.
Anestesia infiltrativa local con parálisis
muscular fetal (puede utilizarse sola o en conjunto con la
técnica anterior).
- Indicación:
cualquier procedimiento que se realice sin histerotomía (procedimientos
percutáneos como tomas de muestras sanguíneas, biopsias
y transfusiones) (1, 2).
- Técnica:
la parálisis de los movimientos fetales se obtiene con la utilización
de relajantes musculares no despolarizantes (RMND). Éstos pueden
administrarse al feto por vía intramuscular (bajo guía
ultrasonográfica el perinatólogo localiza la región
glutea fetal y luego administra el fármaco) o endovenosa (1).
Los RMND recomendados y sus características farmacológicas
se muestran en la tabla siguiente:
|
| RMND |
VIA
ENDOVENOSA
|
VIA
INTRAMUSCULAR
|
|
|
Dosis
(mg/kg de peso)
|
Latencia
(min)
|
Duración
(horas)
|
Dosis
(mg/kg de peso)
|
Latencia
(min)
|
Duración
(horas)
|
|
Atracurio
|
0.4
|
3 -
7
|
0.5
- 1
|
-
|
-
|
-
|
|
Vecuronio
|
0.1
|
3 -
8
|
1 -
1.5
|
0.3
- 0.5
|
10 -
25
|
1.5
- 2
|
|
Pancuronio
|
0.05
- 0.1
|
3 -
10
|
2 -
4
|
0.3
|
15 -
25
|
3 -
5
|
|
| |
- Ventajas:
si se utiliza aisladamente (sin benzodiacepinas y opioides) proporciona
una excelente relajación muscular fetal que minimiza el riesgo
de traumatismo y facilita notablemente la maniobrabilidad del equipo
quirúrgico. El riesgo de relajación materna es mínimo
en vista de las características físico-químicas
de los RMND.
- Desventajas:
si se utiliza aisladamente (sin benzodiacepinas y opioides) no proporciona
sedación ni analgesia materna y fetal.
3.-Anestesia
regional (peridural o espinal)
- Indicaciones:
procedimientos técnicamente difíciles o en los que se
van a utilizar agujas muy largas y trócares de grueso calibre
(1, 2).
- Ventajas:
brinda una excelente anestesia y analgesia materna, permite
una buena relajación de los planos quirúrgicos, bloquea
eficazmente la respuesta neuroendócrina al estrés quirúrgico
y se mantiene a la madre despierta con menor riesgo de broncoaspiración
y de hipoxemia.
- Desventajas:
las complicaciones potenciales de la anestesia conductiva están
siempre presentes y no proporciona parálisis, anestesia ni
analgesia fetal.
4.-Anestesia
general
- Indicaciones:
deseo de la paciente, contraindicaciones o fracaso de alguna de las
técnicas anteriores y procedimientos quirúrgicos mayores
(1, 2).
- Técnica:
las características de la anestesia general, en cuanto
a la seleccción de fármacos, precauciones, ventajas
y desventajas, son similares a las que se utilizan en la paciente
embarazada sometida a cirugía no obstétrica. Tenemos
entonces:
- Profundidad
anestésica materna y fetal: clásicamente, para
alcanzar y mantener un plano anestésico adecuado la mayoría
de los autores recomendaba la utilización de una anestesia
general inhalatoria pura con agentes halogenados (halotano o isoflurano)
en la que las concentraciones inspiradas de los mismos debían
ser de 1 a 1.5 veces el MAC, a pesar de que durante el embarazo los
requerimientos anestésicos están disminuidos en un 20-40%
(1, 2, 8,
11). Esta estrategia se utilizó (y
se sigue utilizando) con la finalidad de proporcionar, además
de un excelente plano anestésico tanto materno como fetal,
una relajación uterina adecuada como medida preventiva para
el trabajo de parto pretérmino. Es por esta razón que,
con esta técnica anestésica, no se utilizaban drogas
coadyuvantes ni durante la medicación preanestésica
(benzodiazepinas) ni durante el mantenimiento (opioides) ya que ésto
permitía administrar concentraciones elevadas del agente halogenado
(1). Más recientemente,
sin embargo, en vista de los efectos hemodinámicos importantes
que se generaban con esta técnica y de los resultados obtenidos
en animales de experimentación que confirmaron que los requerimientos
anestésicos fetales eran aún menores que los de la madre
(probablemente por el aumento en los niveles sanguíneos de
progesterona en el feto y por el metabolismo basal disminuido) (12),
se ha comenzado a utilizar con éxito la anestesia general balanceada
y al sulfato de magnesio intraoperatorio como coadyuvante de la terapia
tocolítica (1, 2).
- Analgesia
fetal:existen dos modalidades por medio de las que se puede
obtener analgesia fetal: 1) aprovechando
el paso transplacentario de opioides liposolubles (fentanyl y sufentanyl
principalmente; la experiencia con alfentanyl es escasa) administrados
a la madre, y, 2) mediante la administración
directa al feto, guiada ultrasonográficamente, de opioides
(la mayor experiencia y la mayor tasa de éxitos se tiene con
el fentanyl por vía intramuscular en bolos de 50mcg) (1,
2, 7).
- Tocolisis:
la prevención o el tratamiento del trabajo de parto pretérmino
iniciada en el periodo preoperatorio, debe continuarse en quirófano
por medio de agentes halogenados y, una vez comenzado el cierre del
músculo uterino, con sulfato de magnesio (un bolo de carga
de 2 a 4 g en veinte minutos por IV, seguido de una infusión
continua de 0.25-0.5 g/hora). Más recientemente, se han comenzado
a utilizar en animales de experimentación agentes donadores
de óxido nítrico (nitroglicerina) desde el inicio de
la anestesia, sin embargo no se disponen aún de resultados
definitivos sobre la eficacia, en término de riesgos-beneficios,
de esta nueva estrategia tocolítica (1,
2, 4).
- Extubación:
debe realizarse sólo cuando la paciente recupere los
reflejos protectores de la vía aérea y sin que experimente
náuseas, vómitos, tos o cualquier otro esfuerzo que
genere un aumento de presión intraabdominal ya que se podría
poner en juego la integridad de la histerorrafia (1,
2). La consiguiente salida de líquido
amniótico podría generar un oligohidramnios agudo, con
un elevado riesgo de infección y de desencadenamiento de un
trabajo de parto pretérmino. [arriba]
|
| III.
PERIODO POSTOPERATORIO
Todas las pacientes
sometidas a intervenciones quirúrgicas mayores deben ser trasladadas
a una "Unidad de Cuidados Intensivos Materno-Fetales" donde se monitorizarán
estrictamente, durante un periodo no menor de 48 horas, el estado hemodinámico
materno-fetal, el bienestar fetal, la actividad uterina y se proporcionarán
los cuidados necesarios para el control del dolor postoperatorio, de
náuseas y vómitos, de la infección y del trabajo
de parto pretérmino (para ello se cuenta con un amplio arsenal
terapéutico que incluye antiprostaglandínicos, B2-agonistas,
sulfato de magnesio, bloqueantes de los canales de calcio y un nuevo
antagonista de la ocitocina, el atosibán). Posteriormente, si
no han surgido complicaciones, se enviará al Servicio de Hospitalización
Obstétrica durante aproximadamente 5 a 7 días, al cabo
de los cuales concluirá su control en forma ambulatoria, hasta
el día en que sea planificada la cesarea electiva. A toda paciente
sometida a este tipo de cirugía debe realizarse un ecosonograma
diario durante los primeros 7 días y, luego, uno semanal hasta
el final del embarazo, para evaluar el crecimiento fetal y el volumen
de líquido amniótico (1,
4). [arriba]
|
| BIBLIOGRAFIA
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neonate and fetus. The New England Journal of Medicine 1987;317(21):1321-1329.
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effects of halothane, enflurane and isoflurane for cesarean delivery.
Anesth Analg 1983;62:516-20.
- 11.
Biehl D R, Tweed W A et al. Effect of halothane on cardiac output
and regional flow in the fetal lamb in utero. Anesth Analg 1983;62:489-92.
- 12.
Gregory A G, Wade J G et al. Fetal anesthetic requirement (MAC)
for halothane. Anesth Analg 1983;62:9-14.
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