| ¿Por qué
el título de este artículo?. Porque puede ser el
punto de partida para muchas reflexiones dependiendo de la inquietud
de quien lo analice.
El ser humano, se
fortalece como tal, incrementa su credibilidad y liderazgo cuando
existe congruencia entre lo que dice y hace.
Sin afán
de ofender a mis queridos colegas, debemos reflexionar sobre
nuestra situación profesional como anestesiólogos,
y el papel que jugamos como miembros de un equipo quirúrgico;
he escuchado y leído comentarios de gente importante,
y otras no tan importantes en nuestra especialidad, y existe
un común denominador: primero el conocimiento, luego
el papel que desempeñamos en el equipo quirúrgico,
de "auxiliares" del cirujano o tras "bambalinas" como se dice,
y finalmente el condicionar nuestros aranceles a los de un cirujano,
que sin menospreciar a nadie, existen malos, buenos, muy buenos
y excelentes.
Si hablamos del
conocimiento o preparación académica, como primer
punto, sería la piedra angular de todo lo demás.
En nuestra sociedad "civilizada" ya no es como en la antigüedad
que las discusiones se resolvían a golpes, en nuestra
profesión, las discusiones deben resolverse por la vía
del conocimiento y de la preparación académica,
quien esté mejor preparado, será quien pueda enfrentar
mas fácilmente a ese fantasma de la egolatría
del cirujano (gracias a Dios en la actualidad se les ha ido
desapareciendo, -nuevamente con el debido respeto para mis colegas
cirujanos-), pero aún dentro de nuestra especialidad,
cuantos hay, falsos mecenas de la educación, que cuando
tienen residentes a su mando, les utilizan como esclavos y no
como estudiantes de nuestra especialidad, ¿por qué
esa actitud ante ellos?, si podían ofrecer la alternativa
de enseñar o no, ¿por qué ridiculizar a
un estudiante o residente? (debo aclarar que no estoy en contra
de la disciplina) ¿es que acaso nosotros no lo fuimos
alguna vez?, la respuesta la tienen los psiquiatras, ¿acaso
será porque así los trataron? ¿y buscan
retribuir en alguien lo que sintieron en su momento?.
Siendo residente,
algunas veces, me toco observar "regaños", sí,
regaños aunque parezca increíble de algunos cirujanos
a los anestesiólogos, y yo me preguntaba ¿por
qué lo permitirá?, ¿será que depende
de él en la práctica privada, o tendrá
miedo a la confrontación?, para confrontar no es necesario
agredir. Nunca quise averiguarlo, pero sentía mucha desilusión
de que alguien que era mi "maestro" o mi líder en la
educación fuera ninguneado y sacudido, por una persona
carente totalmente de toda ética, prudencia y buenas
maneras. En forma retrospectiva, lo he analizado, era falta
total de conocimientos como arma académica, lo que hacía
la diferencia. Conocí algunos cirujanos que trataban
de decirle al anestesiólogo, hasta como comportarse socialmente,
lo sentían como de su propiedad. Aún ya en mi
practica profesional, he visto, como muchos anestesiólogos
que se dicen respetables e importantes, a la hora de un acto
anestésico, se preocupan más por abrochar las
batas de los cirujanos, o de acomodar las luces en el quirófano,
o de preparar el equipo de laparoscopía, o de hacerle
chistes al cirujano cuanto este está estresado, o de
callarse cuando este se lo indique, antes que vigilar a su paciente
durante el acto anestésico. Me desilusiona saber que
anestesiólogos que impartieron la enseñanza de
la especialidad y que le enseñaron al residente a mejorar
el status académico de nuestra especialidad, hagan lo
mismo, -ésa, es la incongruencia entre el decir y el
hacer-.
Si analizamos de
fondo, todo esto, no es más que el marco económico
que rige nuestra actuación como anestesiólogos.
Nuestra especialidad se presta para el predominio de esquiroles,
y mercenarios de la medicina, y por la "facilidad" aparente
de algunos procedimientos, y el desconocimiento total de las
complicaciones, hay médicos generales o cirujanos que
por ahorrarse los honorarios del anestesiólogo o mejor
dicho "echárselos al bolsillo" solicitan de la enfermera
la administración de la anestesia o todavía peor,
los "dueños" de clínicas ponen a sus esposas de
"anestesiólogas" sin ser ni médicos siquiera.
Quien no ha conocido anestesiólogos, a veces nosotros
mismos, que no son capaces de rechazar una cirugía privada,
por las razones de sobra conocidas, porque el paciente presente
enfermedad aguda, por ayuno, por no contar con medicamentos
adecuados, con equipo de monitoreo adecuado, o por no contar
con la infraestructura necesaria, etc, etc, si lo que mueve
finalmente las decisiones es el factor económico. "La
necesidad tiene cara de hereje", mientras sigamos teniendo necesidades
económicos, falta de dignidad y poco espiritu gremial,
seguiremos siendo valorados en nuestro trabajo y conocimiento
como el 30% de lo que vale el trabajo y el conocimiento de un
cirujano.
Contra esto debemos
luchar, primero reconociendo abiertamente que existe, y luego
denunciándolo, en todos los foros permitidos de nuestra
profesión. Si esto se permite, y lo sabemos, esto se
llama complicidad.
¿Somos capaces
realmente de reconocer, que si hubo algún accidente postoperatorio,
muerte o paro o como se llame, fue porque no hicimos el procedimiento
adecuadamente (cuando es así) como mínimo, deberíamos
hacerlo interiormente como examen de conciencia, muchas veces
en lugar de investigar la causa del accidente, buscamos a quien
echarle la culpa, o nos olvidamos de ello. A veces manejamos
medicamentos sin siquiera saber para que sirven o efectos colaterales,
o dosis, ¿será esto, actuar con responsabilidad?,
ya no para con los demás sino para con nosotros mismos.
¿Cuántas veces somos capaces de acudir con el
paciente en el postoperatorio para explicarle sobre la punción
accidental de duramadre que hicimos, en vez de eso nos escondemos
en el anonimato (no todos), o en el amparo del mismo anonimato
institucional, (ésta es la razón por la que nos
favorece y conviene nuestra actuación tras bambalinas).
Finalmente, ya lo
comentó muy atinadamente algún colega retirado,
debemos preocuparnos primero de desarrollar nuestra especialidad
con seriedad, que los beneficios económicos vendrán
por sí solos. No parece serio, actuar como "tiragases",
o desconocer completamente los trazos electrocardiográficos,
o dejar un paciente "respirando espontáneamente" en la
sala de operaciones. Nos ganaremos el respeto de nuestros colegas
cirujanos cuando ellos se den cuenta que somos médicos,
igual o mejor preparados que ellos.
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